9 Septiembre 2026
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OPINIÓN: Polinización y polinizadores

Manuel Martín Alzás

9 de Septiembre de 2026

OPINIÓN: Polinización y polinizadores

 

Cuando las primeras angiospermas (plantas con flores) aparecieron hace unos 140 millones de años, los insectos rápidamente comenzaron a ocupar ese nuevo nicho que eran las flores (Engel 2001; Grimaldi y Engel 2005) de forma tan eficiente que la relación mutua entre las plantas con flores y los polinizadores dirigió, en gran medida, la evolución y la radiación de estos grupos (Waser et al. 1996). El tránsito evolutivo de los insectos y las angiospermas ha sido impresionante; a lo largo de millones de años se han producido importantes procesos de coevolución (proceso por el cual dos o más especies influyen de forma recíproca en su evolución. Cuando en una especie aparecen cambios, se genera una presión de selección natural sobre la otra, impulsando adaptaciones mutuas).

 

Como es sabido, la polinización es el proceso mediante el cual el polen se traslada desde la parte masculina de una flor (antera) hasta la parte femenina (estigma). Este proceso es la base de la reproducción de las plantas, ya que permite la fecundación y la formación de semillas y frutos. Este importante proceso biológico, en gran medida, se consigue gracias a los polinizadores, es decir, animales que transportan polen de una flor a otra. Por lo cual, estos agentes son esenciales para los ecosistemas y la producción de alimentos, ya que más del 75% de los cultivos a nivel mundial dependen de ellos y más del 85% de las especies de plantas que viven en la Tierra son polinizadas por este grupo biológico.

 

Los polinizadores no solo mantienen la biodiversidad global y la salud de los ecosistemas silvestres, sino que garantizan nuestra dieta diaria. Alrededor de una tercera parte de los polinizadores, especialmente abejas y mariposas, se encuentran amenazados de extinción por la pérdida de hábitat, el cambio climático y el uso de pesticidas.

 

Los polinizadores son los responsables de aproximadamente el 80% de la polinización. Las abejas y abejorros son los más importantes, pero también destacan otros insectos, algunas aves y ciertos mamíferos (murciélagos).

 

A pesar de todos estos servicios ecosistémicos, los polinizadores y, particularmente, los más eficientes, como son diversos grupos de  insectos (mariposas, polillas, escarabajos, avispas y moscas), prácticamente carecen de interés en los planes de conservación y son escasas las reivindicaciones por parte de los grupos ecologistas para que entren en esos planes.

 

La polinización y los polinizadores se enfrentan a graves amenazas causadas en gran medida por las actividades humanas y el calentamiento global. Efectivamente, las poblaciones y la biomasa de estos animales se encuentran en franco retroceso. Las causas de este retroceso hay que buscarlas en el aumento de la apicultura y la agricultura intensivas. El 10% de las especies de abejas europeas están en peligro de extinción, a pesar de que la población de abeja de la miel (Apis mellifera) está en crecimiento.

 

La población mundial de abeja de la miel, la abeja doméstica, crece para satisfacer una agricultura intensiva que depende cada vez más de los polinizadores (a pesar de que esta abeja no es un buen polinizador), mientras que las abejas silvestres disminuyen, y esto puede traducirse en una mayor limitación de la polinización. Se calcula que la pérdida de polinizadores (mayoritariamente insectos) ha reducido la producción de frutos (25%) y la de frutos secos en más del 25%.

 

Los principales factores detrás de la crisis de los polinizadores son los cambios en el uso del suelo, que suponen la pérdida y fragmentación de hábitats; la contaminación ambiental por los plaguicidas y otras sustancias químicas; el cambio climático y las especies invasoras. 

 

La fragmentación de los hábitats rompe los territorios naturales en zonas pequeñas y aisladas, lo que reduce drásticamente las fuentes de comida, frena la reproducción de abejas, mariposas, etc. y debilita la estabilidad de toda la naturaleza. Particularmente, esta situación provoca escasez de flores y refugios (las carreteras y los grandes cultivos destruyen el hábitat de los insectos y dejan áreas verdes muy separadas entre sí). Es causa de un mayor esfuerzo físico para el insecto, con el consiguiente aumento de energía en sus desplazamientos, lo que se traduce en menores rendimientos polinizadores. Por último, y muy importante, es el aislamiento genético, que se traduce en el debilitamiento de las poblaciones, haciéndolas más débiles frente a enfermedades y cambios ambientales. Ante esta situación de fragmentación de los hábitats, sería conveniente la creación de corredores verdes (uniendo los espacios naturales con franjas de vegetación para que los insectos puedan moverse seguros), el aumento y la presencia de plantas nativas (sembrando plantas silvestres locales en parques y jardines urbanos para darles alimento real y útil) y, por último, es totalmente necesaria la disminución o total abandono del uso de pesticidas y herbicidas en los campos y en las ciudades. No olvidemos que la agricultura tradicional es garante del mantenimiento de la biodiversidad, que incluye a los polinizadores.

 

Manuel Martín Alzás. Biólogo. Vpdte. FONDENEX